Las mirillas de Alcalá de Henares, un recuerdo del pasado medieval

La estructura comercial de Alcalá de Henares durante la Edad Media, como ocurría en otras ciudades castellanas, se desarrollaba en torno a los gremios de artesanos y comerciantes. En la calle Mayor y en las calles que confluían en la principal vía de la entonces villa se asentaron, arropados por los soportales, los comerciantes, artesanos y trabajadores de los diferentes oficios que sustentaban gran parte de la riqueza económica. Una riqueza potenciada por las ferias de Alcalá de Henares, establecidas a partir del siglo XIII y celebradas en la gran plaza del Mercado (plaza de Cervantes).

Calles como la de la Tahona, Manteros, Cerrajeros, Carnicerías, Tocinería o Limoneros, además de la calle Mayor y la plaza del Mercado, formaron parte de aquella riqueza económica que giraba en torno a los gremios, agrupaciones de carácter comercial y laboral que potenciaban y defendían los intereses de los diferentes oficios.

Una sociedad compleja, donde la religión jugaba un papel fundamental, aunque en la mayoría de los casos supeditado al pragmatismo que imponía la actividad económica. La calle Mayor y su entorno fue hasta finales del siglo XV el lugar de trabajo y vida de la población judía de Alcalá de Henares, dedicada entre otros oficios al comercio.

Aquella época sobrevive en parte en el urbanismo histórico de Alcalá de Henares, como podemos apreciar en el trazado soportalado de la calle Mayor y de una parte de la plaza de Cervantes, aunque también en el recuerdo de los antiguos nombres de las calles (la mayoría de las cuales cambiaron de denominación a lo largo de los siglos XIX y XX) o en elementos tan evocadores y curiosos como las mirillas.

Todavía hoy se conservan mirillas en los techos de los soportales de la calle Mayor y de la plaza de Cervantes. Restauraciones, cambios de costumbres y la falta de uso acabó con la mayoría de estos singulares testigos del pasado. Aquellas casas de comerciantes y artesanos contaban con su taller o despacho a pie de calle, llamativos y coloristas y bien visibles. Arriba vivía el propietario con su familia, aunque también los aprendices que se formaban en el oficio y ayudaban a que el negocio prosperara.

La mirilla permitía que desde el piso superior se tuviera el control de quienes accedían a la tienda o taller, además de poder atender a todo aquel que llamaba a la puerta gracias a la llamativa aldaba. Y tan útiles llegaron a ser que su uso sobrevivió hasta principios del siglo XIX.

Hoy se conservan como curiosas reliquias del pasado gremial, artesanal y comercial de Alcalá de Henares siete mirillas:

  1. Plaza de Cervantes nº 21.
  2. Plaza de Cervantes nº 29.
  3. Plaza de Cervantes nº 32.
  4. Calle Mayor nº 13.
  5. Calle Mayor nº 17.
  6. Calle Mayor nº 32.
  7. Calle Mayor nº 37.

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