Rodrigo de Cervantes, cirujano sangrador

Rodrigo de Cervantes, cirujano sangrador de profesión, fue el padre de Miguel de Cervantes. Nació en Alcalá de Henares en 1509 y probablemente eligió su oficio influenciado por su madre, Leonor de Torreblanca, hija de un afamado médico cordobés. El caso, es que se quedó en una profesión que no era ni una cosa ni la otra, una mezcla de enfermero y sacamuelas que vivía de realizar sangrías, curar heridas de urgencia, poner emplastos, intentar desinflamar torceduras y golpes, hacer pequeñas suturas y, posiblemente, de afeitar barbas.

Una profesión que en muchas ocasiones, a falta de cirujanos, desarrollaban barberos, pero que en una ciudad universitaria como Alcalá de Henares, tan numerosa en estudiantes y profesionales de la medicina, seguro que era ejercida por médicos titulados, necesitados de ganarse la vida como fuera. No es de extrañar que Rodrigo de Cervantes y su familia abandonaran Alcalá de Henares en 1552 buscando fortuna en Valladolid.

En un principio el oficio de barbero y el de cirujano sangrador estuvieron diferenciados, pero a partir de los siglos XV y XVI ambas profesiones se acabaron mezclando, obligando a la promulgación de leyes, como la del año 1500, otorgada por los Reyes Católicos en torno a la creación de la figura del tribunal del Protobarberato (a cargo de un profesional que supervisaba el oficio de barbero, cirujano, sangrador).

La profesión acabó derivando hacia la cirugía menor y hasta llegaron a recibir una titulación y un cierto prestigio social.

Miguel de Cervantes en El Quijote recuerda de alguna manera la figura de su padre a través de Maese Nicolás (barbero, sangrador, cirujano, sanador y sacamuelas), que preparaba casi mágicos brebajes para curar dolores de cabeza y que acabaría atendiendo al famoso hidalgo tras haber sido apaleado en una de sus aventuras.

 

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