Félix Huerta y Huerta, alcalde de Alcalá de Henares

El siglo XIX fue muy difícil para Alcalá de Henares. Lo único que cabía esperar era una reacción por parte de la incipiente burguesía alcalaína y de paso, mover al resto de ciudadanos hacia un cierto resurgir del decaído orgullo local. La Sociedad de Condueños, las primeras industrias, los incipientes desarrollos urbanos, el asumir el nuevo papel del estamento militar en la ciudad, el resurgir del comercio, la creación de instituciones «modernas», la participación en la política nacional… Y en ese contexto hay que situar a Félix Huerta y Huerta, nacido en Alcalá de Henares el 30 de agosto de 1844. Su padre fue Fernando Huerta y las Heras (nacido en 1820), que aparecía censado como «propietario» y maestros de obras (yeserías). Fernando se casó con María Ignacia de Huerta y López y tuvieron cinco hijos, de los que Félix fue el mayor. Su abuelo paterno fue Pedro Celestino Huerta (nacido en 1778) y… Una familia de amplio arraigo alcalaíno, que mantendría su influencia en la ciudad a los largo de los siglos XIX y XX.

Félix Huerta y Huerta recibió una buena educación, como correspondía al hijo de un incipiente burgués de la época. Se casó con Antonia Calopa Albareda y tuvo ocho hijos (cuatro hijos y cuatro hijas). Su hijo Javier inauguró una saga de farmacéuticos complutenses que todavía perdura.

Su labor como empresario fue muy activa en Alcalá de Henares, llegando a poner en marcha una fábrica de ladrillos, cerámica y baldosines. Además, sobre una finca de su propiedad, que formaba parte del antiguo colegio convento de Capuchinos de Santa María Egipciaca, promovió la construcción del Teatro Salón Cervantes, del que fue su primer gerente, creando una empresa para su construcción. Entre sus iniciativas más curiosas estuvo la de convertir el citado colegio convento de capuchinos en una casa de baños, un balneario urbano al que llamó Neptuno.

Pero si por algo destacó fue por su labor política en la ciudad. En 1877 fue nombrado concejal. Desde esta responsabilidad le tocó vivir cambios importantes en la sociedad y el urbanismo complutense del siglo XIX: transformación de la calle Mayor, el ferrocarril y planificación del Paseo de la Estación… En 1894 fue elegido alcalde de la ciudad, cargo en el que repitió en tres ocasiones más (1889, 1900 y 1903). Entre sus iniciativas destacaron las siguientes: el derribo de las construcciones que ocupaban el espacio de la actual plaza de los Santos Niños, la compra del antiguo convento de san Juan de la Penitencia, la ampliación del cementerio municipal, el desarrollo del plan urbanístico del Paseo de la Estación, la mejora del matadero municipal, la construcción del parque O´Donnell…, aunque quizá su aportación más importantes fue la traída de aguas a Alcalá de Henares.

También destacó por su labor como promotor de iniciativas desarrolladas para ayudar a los más desfavorecidos, como la que puso en marcha, a través de la sociedad «La Bienhechora Complutense» (1879), con el objetivo de construir viviendas populares en la calle postigo.

Algunas de sus propuestas tuvieron, y todavía tienen, un valor simbólico para la ciudad, como la idea de erigir en el Campo del Ángel la llamada «Cruz del Siglo» o la llegada a Alcalá de Henares de la estatua del Cardenal Cisneros. Además, fue presidente de la Asamblea Local de la Cruz Roja y, debido a sus aportaciones como político local, fue nombrado caballero de la Real Orden de Isabel la Católica.

En varias ocasiones fue presidente de la Sociedad de Condueños, tomando importantes iniciativas que afectaron a la manzana fundacional universitaria: construcción del Círculo de Contribuyentes (del que fue su primer presidente), del Hotel Cervantes (más tarde colegio Santo Tomás de Aquino y en la actualidad centro de estudios económicos de la Universidad y sede de los Condueños)… Murió en Alcalá de Henares el 22 de marzo de 1926.

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