Antonio de Nebrija, el maestro en Alcalá de Henares

Frente a los bárbaros. Esa es la consigna. Desde hacía tiempo, el maestro Lorenzo Valla luchaba, desde Italia, contra todos esos pseudo intelectuales que destruían la lengua latina en sus retóricos tratados teológicos. No sabían latín y encima querían explicar y explicarse la Biblia en la antigua lengua de Roma: “nunca dexé de pensar alguna manera por donde pudiesse desbaratar la barbaria por todas partes de España tan larga y luenga mente derramada”. Con estas palabras, Antonio de Nebrija deja claro su firme compromiso por conseguir no sólo la regeneración de la principal lengua cultural del momento, sino también de todo lo que con ella se explica.

Alcalá, año de 1502. El equipo se prepara en unas habitaciones habilitadas no muy lejos de donde el maestro Pedro Gumiel construye el Colegio de San Ildefonso: Alonso de Zamora, Pablo Coronel, Alonso de Alcalá, Hernán Núñez de Toledo, Lorenzo Balbo de Lillo, Diego López de Estúñiga y Antonio de Nebrija. El maestro Antonio de Nebrija anda entusiasmado con la idea de Francisco Jiménez de Cisneros de dar a la luz una Biblia políglota, científica, verdadera y sin equívocos nacidos de la inseguridad lingüística de los textos. Se trabaja duro y aún queda mucho por recopilar. Van llegando los originales prestados por bibliotecas, como la del Vaticano, o los comprados en los lejanos países de Oriente.

Año de 1503. Antonio se tiene que enfrentar a un doloroso pleito interior: le llaman de Salamanca para regentar la cátedra de Prima de Gramática que había ganado, pero decide continuar junto al viejo arzobispo de Toledo y así apoyar sus revolucionarias ideas de reforma. Para él es esencial seguir lo filológico, es decir, un criterio serio para revisar los textos bíblicos en latín que habían heredado de San Jerónimo.

Año de 1504. Desánimo. Sus compañeros dudan de su criterio y han hecho un frente común para desbaratar su propósito de un nuevo texto latino totalmente reformado. Se entrevista con Cisneros; le pide consejo sobre su actitud: ¿estará equivocado y será cierto que lo mejor es permanecer en la tradición, aunque tenga errores que cambiar? El Cardenal le pide que ceda ante el resto de los maestros.

Dos de mayo de 1505. Antonio de Nebrija toma posesión de la cátedra de Prima en la Universidad de Salamanca. Nunca olvidará Alcalá y la ilusión que sintió por lo que allí se hacía. Pero también piensa que  ha hecho bien abandonando el proyecto y así se lo ha querido explicar a Cisneros: “Cuando vine de Salamanca, yo dejé allí publicado que venía a Alcalá para entender en la emendación del Latín, que está comúnmente corrompido en todas las Biblias latinas, cotejándolo con el hebraico, caldaico y griego. Y agora, si alguna cosa o falta en ello se hallasse, que todos cargarían a mí la culpa, y dirían que aquella ignorancia era mía, pues que dava tan mala cuenta del cargo que me era mandado. Entonces V.S. me dijo que hiziese aquello mesmo a los que otros avía mandado: que no hiziesse mudanza alguna de lo que común mente se halla en los Libros antiguos; más que si sobre ello a mí otra cosa pareciesse, que devía escribir algo para fundamento y prueva de mi intención.”

Tres de octubre de 1509. Consigue la cátedra de Retórica en Salamanca. Nebrija lucha contra los corruptores de la lengua latina; quiere asentar su gramática, quiere ser científico. Sabe que su actitud le está creando muchos enemigos, pero hay que seguir. Muere el maestro Tizón,  catedrático de Prima de Gramática. Le gustaría regentar su cátedra, pero el claustro de Salamanca se la niega, dándosela a un joven llamado García del Castillo. Los contrarios a sus ideas de cambio parecen haber triunfado. Sale hacia Sevilla. Es muy mayor (tiene 70 años) y está cansado a pesar del aprecio con que cuenta, y si no, ahí están los elogios a su Arte de la Gramática Castellana, editada en aquel “annus mirabilis” de 1492. Pero su necesidad de reformar, de investigar hace que no se rinda. Alcalá, de nuevo la joven academia creada por Cisneros; un lugar lleno de investigadores que cultivan el científico arte de la divergencia. Piensa que todavía puede aportar algo a los estudios del Colegio de San Ildefonso.

Año de 1514. El reconocimiento. Cisneros le regala la tranquilidad: un sitio donde vivir y donde enseñar. El colegio comenzó sus clases en 1508 y, aunque pobre en construcción, ha conseguido atesorar a los mejores profesores de Europa. Se siguen ideas nuevas, como las del maestro de Rotterdan y, a pesar de los pesares, la Políglota es ya una magnífica realidad. Su Colegio Trilingüe, donde enseña, los elogios de Cisneros, que le dio el mejor homenaje permitiendo que “leyese lo que él quisiese, y si no quisiese leer, que no leyese; y que esto no lo mandaba dar porque trabajase, sino por pagarle lo que le debía España.” Pero tantas cosas por hacer todavía.

Año de 1517. La alegría de ver publicado en Alcalá el volumen de sus “Reglas de Ortographía en lengua Castellana” y la profunda amargura de ver morir a Francisco Jiménez de Cisneros.

Alcalá, dos de julio de 1522. El final. El maestro Antonio de Nebrija ha muerto.

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