Colegio Menor de San Felipe y Santiago o del Rey

Colegio Menor de San Felipe y Santiago o del Rey

La fundación de este colegio se la debemos indirectamente al emperador Carlos V. Impulsado por la codicia y por la necesidad de dinero, se apodera de una parte importante del legado en metálico que había dejado Cisneros a la Universidad. Se calcula que fueron incautados de los fondos universitarios unos cincuenta millones de maravedís. El príncipe Felipe, futuro Felipe II, tratando de redimir el pecado de su padre y temiendo un castigo divino, funda, entre los años 1550 y 1551, este colegio para que estudiaran en él hijos de criados de los reyes. Los colegiales debían ser 16 y estudiar Teología y Cánones.

Pronto se empieza a construir un edificio en la calle Libreros sobre las que fueron «casas de tapias», mandadas levantar por Cisneros. Las obras se terminan durante el reinado de Felipe III, quien sitúa en el dintel de la portada el escudo real y una inscripción que dice: «PHILIPPUS_ III_ H_ REX CHRMO» (Philippus III Hispaniarum Rex Christianissimo). Las trazas, de líneas muy clasicistas, están atribuidas tanto a Francisco de Mora como a su sobrino Juan Gómez de Mora. En el interior, encontramos un patio de dos alturas: la inferior, con arcos de medio punto sobre columnas toscanas, y la superior, que originalmente también estaba formada por arcos, compuesta hoy por balcones. La fachada, de ladrillo y entre torreones, tiene dos plantas. En la bella portada de piedra con balcón central aparece el ya mencionado escudo real y la inscripción a la que antes hemos hecho referencia.

La capilla estuvo decorada con tres importantes cuadros del pintor de Felipe III, Bartolomé González, que representaban a San Felipe Apóstol y a los santos Santiago el Mayor y el Menor. Se conserva la cúpula barroca, hoy hueco de una escalera, y el coro alto.

Uno de sus rectores fue el gran humanista Ambrosio de Morales y entre sus colegiales estuvieron Antonio Pérez, el famoso secretario de Felipe II, y Francisco de Quevedo.

En 1842, ya trasladada la Universidad a Madrid, fue vendido a un particular. Hacia 1882, estaba de nuevo en manos del Estado, siendo destinado a Casa de Correos y Telégrafos. Sin embargo no fue éste su último uso ya que otra vez pasó a manos privadas, sufriendo importantes y desafortunadas reformas. Tras ser comprado por el Ayuntamiento de Alcalá, tuvo varios destinos, entre ellos el de ser sede del Archivo Histórico Municipal y de la desaparecida Fundación Colegio del Rey. Posteriormente, fue cedido al Instituto Cervantes para ser la casa central en Alcalá de Henares  de esta importante institución dedicada a la defensa y difusión del idioma español por todo el mundo.

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