Pedro Páez Jaramillo y las fuentes del Nilo

Esta es la historia de un aventurero, un hombre que podría ser el perfecto protagonista de una apasionante producción de Hollywood: Pedro Páez Jaramillo. Un jesuita nacido en 1564 que dedicó su vida a transmitir sus ideas religiosas y, de paso, a descubrir las maravillas escondidas en lugares y sociedades muy alejadas de donde él nació.

Nació en Olmeda de las Fuentes, o mejor de la Cebolla, su nombre original, un precioso pueblo del antiguo alfoz complutense situado en la Alcarria de Alcalá de Henares. Convencido de su destino, dedicó sus años de juventud a estudiar en los jesuitas de Belmonte (Cuenca), en la Universidad de Alcalá de Henares y en la de Coimbra, donde, en 1582, profesó como jesuita. Desde la ciudad portuguesa se preparó para la misiones y desde allí partió, en 1585, a Goa (India).

En Goa finalizó sus estudios y se ordenó sacerdote en 1587. Y aquí comenzó su vida aventurera: la Compañía de Jesús pensó que Pedro Páez y Antonio de Monserrate eran las personas adecuadas para renovar la misión en una antigua tierra cristiana: Etiopia. El viaje comenzó, pero atravesaron lugares peligrosos, llenos de caravanas, ladrones y otros peligros, y pasó lo que era previsible: ambos fueron hechos prisioneros por los árabes en Dhofar (entre Yemen y Omán). Siete años de cautiverio durante el que hicieron de casi todo (incluso servir en galeras turcas), hasta que fueron rescatados previo pago de un importante rescate.

Volvieron a Goa, murió Antonio de Monserrate, pero Pedro Páez se reafirmó en su decisión de llegar hasta Etiopía. Y para ello no le importó emplear estrategias como la de vestirse de mercader armenio. De esta guisa emprendió viaje a Etiopía en 1603. Preparado para el viaje y para la labor que le esperaba en su destino (aprendió los idiomas amárico y geez (idioma litúrgico) propios del país) llegó a la ciudad etíope de Fremona hacia mayo del mismo año y, poco después, consiguió su primer objetivo: verse con el negus o emperador Za-Denghel. Se ganó su confianza y la de la Corte, le convirtió al catolicismo y, cuando el emperador cayó debido a las intrigas cortesanas, consiguió el favor de su sucesor Susinios Segued III, al que también acabó por convertir a la doctrina católica.

Susinios le dio tierras (en Gondor, cerca del lago Tana) y honores, entre ellos el de acompañarle en sus viajes por el país. Y así, en 1618, llegó Pedro Páez a un lugar mítico con el que soñaron el rey Ciro, Alejandro Magno o Julio César: las fuentes del Nilo Azul. De esta manera se convirtió en el primer europeo en conseguirlo, 152 años antes que el británico James Bruce de Kinnaird

En su «Historia de Etiopía» (1622), recogió y recordó su hazaña, a la vez que describió las costumbres, los paisajes y la historia del país.

Pedro Páez Jaramillo murió en la ciudad etíope de Gorgora (Gondar) en 1622.

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