Bartolomé de Bustamante Herrera, arquitecto de la Compañía de Jesús

El 28 de enero de 1552, Bartolomé de Bustamante Herrera, hombre influyente en la Corte, valorado por el arzobispo de Toledo, por el emperador Carlos e incluso por el papa, decidió ingresar en la Compañía de Jesús en el colegio que la orden poseía en su ciudad natal, Alcalá de Henares. Una conversión hacia lo espiritual que de alguna manera quiso seguir los pasos de Ignacio de Loyola. Había nacido en la antigua Complutum el 23 de agosto de 1501 y, entre otras muchas cosas, fue un gran arquitecto.

Francisco de Borja, duque de Gandía, fue uno de sus modelos a seguir. Gracias a él, se comprometió firmemente con la Compañía de Jesús, primero como novicio en Oñate, luego como secretario de Borja. Viajaron juntos por España y por el resto de Europa. Llegó a ostentar importantes cargos en la Compañía, aunque quizá por lo que llegó de verdad a ser admirado entre los jesuitas fue por sus capacidades como arquitecto. Gracias a Francisco de Borja, la nueva orden fundada por de San Ignacio de Loyola creció rápidamente por toda España, un desarrollo que necesitaba de nuevas iglesias y colegios, de cuyo diseño fue en parte responsable Bartolomé de Bustamante.

Puede que uno de los momentos más importantes El motivo no podía ser más importante para Bartolomé. Su gran amigo y mentor, Francisco de Borja, iba a ser nombrado en Roma superior general de la Compañía de Jesús durante la segunda Congregación General. Asistió al acto en calidad de provincial de Andalucía y participó activamente en la creación de un estilo arquitectónico que definiera y singularizara las aspiraciones de la orden. El modelo se creó a partir del desarrollado por Miguel Ángel y continuado por Vignola para la iglesia principal de los jesuitas en Roma: el Gesú.

Desde entonces, este fue el modelo que siguió Bartolomé de Bustamente para la planta de las iglesias que trazó en España. Se convirtió en un maestro, en un arquitecto de base a partir de cuyos trazados arquitectos locales desarrollaron su labor.

Sus padres, Pedro Bustamante (de origen cántabro) y Catalina Herrera, supieron aprovecharse de aquella importante ciudad universitaria que era Alcalá de Henares. Estudió en el colegio de San Eugenio de la Universidad con trece años, donde aprendió latín y griego. Posteriormente estudió en el colegio de San Pedro y San Pablo. En 1525, se graduó en Artes y en 1528, en Teología. Siempre se sintió atraído por la arquitectura, formándose de manera autodidacta en los tratados más conocidos de la época.

Sacerdote desde 1529, párroco de Carabaña (Madrid), donde diseñó la nueva iglesia, y, desde 1534, secretario del cardenal arzobispo de Toledo Juan Pardo Tavera. Se convirtió en un hombre de estado a las órdenes de Tavera, viajó por Europa, se entrevistó con el emperador Carlos, con el papa Paulo III…, conoció la arquitectura de los clásicos, los textos de Vitrubio, de los mejores arquitectos del Renacimiento.

Sus conocimientos fueron aprovechados por el cardenal Tavera y le puso al frente de los trabajos del Hospital de San Juan Bautista de Toledo, desarrollando propuestas nuevas y algunos cambios en la obra de Alonso de Covarrubias. Luego llegaría su total vinculación con la Compañía de Jesús.

Ya en la Compañía, su pasión por la arquitectura tuvo su recompensa, pudiendo diseñar obras importantes para los jesuitas como el edificio del noviciado de Medina del Campo (1533), los colegios de la Compañía en Plasencia, Murcia o Córdoba, la casa profesa de Sevilla o la primera iglesia del Colegio Imperial de Madrid, entre otras obras.

En 1567, trazó la iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús en Alcalá de Henares, aunque la obra sólo se cimentó y comenzó a construirse, haciéndose cargo del proyecto el arquitecto real Francisco de Mora.

Murió en Trigueros (Huelva) el 21 de junio de 1570.

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