Una iniciativa de 1927 para recuperar la Universidad de Alcalá de Henares

El día 2 de marzo de 1927, el diario «El Siglo Futuro» publicó una interesante noticia, firmada por un tal Mirabal, relacionada con una iniciativa para recuperar la Universidad de Alcalá de Henares. A propuesta del conde de Canga Argüelles, se habló de la posibilidad de restablecer en nuestra ciudad los estudios universitarios. Nada se pudo hacer, entre otras cosas porque ya estaba decida la construcción de la nueva ciudad universitaria de La Moncloa. El día 17 de mayo de 1927, nació, a propuesta de Alfonso XIII, la Junta de la Ciudad Universitaria, que desarrolló el nuevo e importante campus universitario de Madrid. En todo caso, resulta curioso comprobar las reflexiones a favor de Alcalá de Henares del articulista:

«OTRA INICIATIVA
La Universidad de Alcalá de Henares
El conde de Canga Arguelles ha solicitado del Gobierno que se establezca en Alcalá de Henares una Universidad donde se cursen estudios hispanoamericanos.

El propósito no es solamente restablecer la famosa y gloriosa Universidad, que ya sería bastante, por ser doloroso que el nombre de Alcalá de Henares, de fama universal, tan evocador de nuestras glorias, no figure entre las ciudades universitarias de España, sino también el de atraer a la juventud estudiosa de hispano-américa con positiva eficacia para el fomento de las relaciones entre España y las naciones de su origen del otro lado del mar.

Cuántas veces se ha tratado de restablecer la Universidad de Alcalá, bien llevando allí los estudios preparatorios de las Facultades literarias, bien estableciendo en ella las Facultades de Derecho y de Filosofía y Letras, hemos apoyado la idea, mereciendo el testimonio de gratitud del Ayuntamiento complutense, cuyas gestiones en tal sentido no han tenido el apoyo que era debido cerca de los Poderes
públicos.

Los intereses creados, el atractivo que tiene Madrid para el profesorado, son, sin duda, obstáculos poderosos para lograr el restablecimiento de la Complutense. Pero nadie pone en duda siquiera, las razones que abonan la conveniencia de trasladar la población escolar a la ciudad de Alcalá, que, además de su recogimiento, de su silencio, de su paz, qué fácilmente se mantendría prohibiendo establecer allí los centros de vicio que en Madrid abundan, con notorio perjuicio de la juventud, posee el ambiente escolar, que no se improvisa, y el «tono» que en la Península sólo tienen Salamanca y Coimbra.

De restaurarse en España la tradicional disciplina escolar y el régimen docente que en mal hora se arrebata
a la Universidad, no sería Madrid el lugar más a propósito.

Así como para Alcalá sería lo suficiente esa restauración, para que recobrara su esplendor pasado, para
convertirla en una gran ciudad universitaria, más apropiada para el fin docente que la que se proyecta construir en la Moncloa, y tan próxima a Madrid, que no es la distancia inconveniente serio para dotarla de cuantos elementos exige la enseñanza, ni aun para establecer allí la Facultad de Medicina, lo que proporcionaría a la vez la ocasión de crear un gran Hospital General, descongestionando el insuficiente de Madrid.
Unida Alcalá a la capital española por una pista para la circulación de automóviles, el profesorado tardaría
en llegar a sus cátedras poco más que tarda en Madrid si ha de recorrer un trayecto corriente en tranvía. Y las ventajas para la población escolar serían las mismas que tienen hoy los alumnos de las Academias Militares establecidas en Toledo, en Segovia y en Ávila, donde el ambiente de las poblaciones y el severo régimen obligan al estudio sin distraer ni espolear la imaginación de los estudiantes con tantas solicitudes funestas como la distraen y espolean en las grandes ciudades.

Crear en Alcalá de Henares la Universidad hispano-americana sería un acierto; primero, por atraer a España a la juventud escolar de las Repúblicas de origen hispano; después, por conservar aquellas aulas, donde está vivo el recuerdo de aquellos alumnos que llenan la historia de la cultura española con la gloria de sus nombres: Cervantes, Quevedo, San Ignacio de Loyola. Tantos y tantos más…
MlRABAL»

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