El Palacio Xifré de Madrid

Se supone que cuando la piqueta comenzó a destruir el Palacio Xifré, una vez más no se tuvo en cuenta ni que fuera una joya, ni su importancia arquitectónica, ni la ilusión de quien lo hizo, ni su encanto, ni las posibilidades que se abrían con su conservación como ejemplo de un época, de una sociedad y de un país. Nada de nada, en 1950 se derribó completamente el palacio y en su solar se construyó otra importante obra arquitectónica que, a pesar de su valor, no justifica la desaparición de este bello edificio.

Como ocurrió con el Palacio de Manuel Laredo en Alcalá de Henares, el Xifré fue el capricho de un importante representante de la élite financiera del siglo XIX: José Xifré Downing. Era hijo de un industrial catalán que había hecho fortuna en Cuba, José Xifré Casas. La herencia del padre situó muy bien al hijo, que se dedicó a sus negocios y a viajar por Europa. Formó parte de una élite muy bien acomodada que, a su manera, quiso cambiar el mundo. Hasta llegó a coquetear con un cierto socialismo utópico que le llevó a la política y a defender a la clase obrera. Y en ese dejarse llevar por los sueños, también hay que situar su deseo romántico de poseer un palacio árabe a la manera de las grandes joyas del pasado musulmán español.

Hacia 1850 José Xifré Downing, en una época en la que vivía entre Madrid, Barcelona y París, decidió construir su nuevo palacio oriental. En París, Prosper Mérimée le sugirió que le encargara el proyecto al francés Émile Boeswillwald, seguidor de Violllet-le-Duc, y con esta decisión, convencido del todo, en 1857 compró al duque de Medinaceli nueve solares situados detrás del convento de trinitarios descalzos y frente al Paseo del Prado. Las obras fueron bien y el edificio se construyó entre 1858 y 1862.

En palabras del escritor y periodista de la época Ángel Fernández de los Ríos, una joya más «linda que cómoda». Un sueño donde se recreaban exquisitos salones, pasillos y estancias a la manera de la Alhambra y de una arquitectura que quiso recrear la suntuosa belleza de los grandes palacios hispano musulmanes.

Como le ocurrió a Manuel Laredo con su sueño de Alcalá de Henares, José Xifré disfrutó poco tiempo de su palacio. Murió en 1869. Tras ir perdiendo interés para la familia Xifré, a comienzos del siglo XX lo compró el embajador de México Manuel Iturbe y del Villar para sede de la embajada de su país. Luego vendría un tiempo de abandono y la compra por el duque del Infantado como residencia propia.

Entre 1949 y 1950 fue derribado para construir en su lugar la Casa Sindical  o Edificio de Sindicatos (actual Ministerio de Sanidad). Un gran edificio del arquitecto Francisco de Asís Cabrero Torrés-Quevedo, uno de los mejores y primeros ejemplos de arquitectura moderna de la posguerra en Madrid.

La pena es que, como decía al principio, una obra importante de la arquitectura española tuvo que sacrificar a uno de los mejores ejemplos de arquitectura oriental o árabe de España y quizá de Europa.

Albún fotográfico del Palacio Xifré:

Palacio Xifré

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