Rodrigo Gil de Hontañón

En 1526 Rodrigo Gil de Hontañón sustituyó a su padre como maestro mayor de las obras de la catedral de Segovia. Rodrigo finalizó las obras de una de las ultimas grandes catedrales del gótico hispano, apartando se carácter técnico, su estilizada sobriedad y su armonía y elegancia en la decoración. Más tarde, en 1538, también llegaría a ser maestro mayor de las obras de la catedral nueva de Salamanca.
Rodrigo había nacido comenzando el siglo XVI, en 1500, en una localidad serrana, perteneciente a la Comunidad de Villa y Tierra de Segovia, Rascafría, en el valle del río Lozoya. Su padre, nacido en Cantabria, era cantero y arquitecto, un oficio que heredaron tanto él como su hermano, Juan Gil de Hontañón el Mozo. Desde muy joven, colaboró con su padre en obras como la catedral de Segovia, la de Valladolid… Pero pronto destacó en
en el oficio y superó a su familia por su capacidad técnica y artística. En 1533, llegó su primera y gran obra individual: la colegiata de Villafranca del Bierzo, donde experimentó la belleza del arte de los grutescos y el candelieri italianos, que en España se llegaría a conocer como plateresco.

Pronto se convirtió en un notable arquitecto, deseado por las grandes casas nobiliarias, para las que llegaría a diseñar fantásticas obras. Alonso de Zúñiga y Acevedo Fonseca, tercer conde de Monterrey, le encargó su palacio de Salamanca, y Rodrigo le diseñó una soberbia joya con una exquisita fachada plateresca. Más tarde llegaría el encargo del Colegio Trinlingüe de Salamanca, en 1556. Entre 1556 y 1566 trabajó en otra de sus grandes obras civiles: el palacio de los Guzmanes en León, algo más sobrio que el de Monterrey y con un balcón en el que quiso recordar su gran obra en Alcalá de Henares. La fachada de la Universidad, construida entre 1537 y 1553, supuso la consagración de Rodrigo como un gran maestro, como uno de los grandes del Renacimiento español y europeo. Y cada vez más, diseñó, participó, retocó o reinventó obras como el precioso palacio de la Salina en Salamanca o el fabuloso castillo de Cuéllar, entre otras muchas.

Su dedicación a la arquitectura religiosa también tuvo como resultado auténticas obras maestras. En la iglesia de Santiago (Medina de Rioseco), se ajustó todavía a las reglas del estilo gótico, pero pronto dio un estilo propio a su trabajo, creando joyas como la capilla del Deán, en el antiguo convento de San Francisco de Zamora (comenzada por su padre), la ampliación de la iglesia de Santiago en Cáceres, la iglesia de San Julián de Toro, la iglesia de San Sebastián de Villacastín (Segovia), la torre de la Catedral Magistral de Alcalá de Henares o la magnífica torre de la basílica de la Asunción de Nuestra Señora de Colmenar Viejo. Y por supuesto catedrales, como sus obras en la de Plasencia, Segovia, Salamanca, Ciudad Rodrigo (capilla Mayor) o la de Oviedo.

Murió en Segovia en 1577, dejando una importante huella en la arquitectura española. Sus teorías fueron recogidas por Simón García (maestro mayor de la catedral de Salamanca en el siglo XVII) en su obra Compendio de architectura y Simetría de los templos. Su arquitectura es un símbolo de la superación de la Edad Media y de la llegada de una modernidad que intentó transformar nuestro país bajo el signo del Renacimiento.

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