Luis Rosales, su boda en Alcalá de Henares

Luis Rosales, su boda en Alcalá de Henares

No hay noche, no hay luna, no
hay sol cuando estoy contigo,
tiemblo de quererte tanto,
tiemblo de sentirme vivo,… (Contigo, Luis Rosales)

Un monumento se puede valorar no sólo por su grandeza arquitectónica o artística; es más, lo que en muchos casos nos llama la atención es su anecdotario histórico, aquello que ocurrió en aquel espacio y que acabó por darle una identidad singular y propia. Es especial ir a lugares como la iglesia de San Sebastián de Madrid y encontrarse con el recuerdo de la muerte de Lope de Vega o de Miguel de Cervantes, o a la de San Ginés y recordar el bautismo de Francisco de Quevedo o…

En Alcalá de Henares también fueron bautizados, se casaron o se celebraron funerales de grandes figuras históricas; sus principales iglesias guardan o guardaron el recuerdo de hombres y mujeres que alcanzaron de alguna manera la fama, pero nadie ha querido, podido o sabido significarlo como ocurre en otros lugares. Por ejemplo, echo en falta en la Catedral Magistral o en la capilla de San Ildefonso un recuerdo común y significativo a esta parte importante de su historia.

El 25 de abril de 1951 Luis Rosales Camacho contrajo matrimonio con María del Carmen Fouz Castro en la Capilla de San Ildefonso de Alcalá de Henares. Luis y María eligieron nuestra ciudad y uno de sus templos más bellos para casarse. Pagaron a la parroquia de Santa María 300 pesetas en concepto de «derechos de boda de 1ª clase en la capilla de San Ildefonso».

Luis Rosales, su boda en Alcalá de HenaresLuis Rosales, su boda en Alcalá de Henares

A Luis Rosales, nacido en Granada en 1910, se le puede considerar uno de los grandes de la poesía española del siglo XX. Enamorado de la palabra, se convirtió en el principal exponente de la denominada Generación del 36. Poesía y amor, estilismos llevados de la mano de Garcilaso de la Vega, la belleza del lenguaje y de los sentimientos, y la necesidad de la lejanía de la dura realidad. En cierto modo, la pasión por ocultar para que todo sea bello, y lo llegó a ser. Poesía arraigada, como la definió Dámaso Alonso, en contraposición a la poesía desarraigada, real y puede que dolorosa, y puede que también irreal.

La poesía de Luis Rosales evolucionó sin dejar de ser la suya, sin dejar su lenguaje propio, sin dejar de ser bella, y rozó las ansias del existencialismo (La casa encendida), y edificó la que se podría definir como su obra cumbre.

Se casó, puede que por su amor a la cultura, en Alcalá de Henares. Tras la boda, Luis y María fijaron su residencia en la calle Altamirano de Madrid, la “casa encendida” del poema. En 1952 nació su único hijo, Luis Cristóbal.

Luis Rosales, su boda en Alcalá de Henares

En 1982 recibió en el Paraninfo de nuestra Universidad el Premio Miguel de Cervantes como un merecido reconocimiento a su obra.

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