Convento de dominicos de la Madre de Dios

Nos tenemos que remontar a 1562 para conocer los primeros datos sobre la fundación de este convento. Ese año, doña Juana de Mendoza compra unas casas en la calle de Santiago, cercanas al Palacio Arzobispal, para fundar un  monasterio de dominicos bajo la advocación de la Madre de Dios. En 1566, estas casas, que no eran muy grandes, están en obras para adaptarlas a su nuevo uso. Tras unos años de estrecheces, los religiosos deciden construir un nuevo conjunto conventual, que se edifica entre los años 1608 y 1624. Tampoco era éste demasiado grande y, como a la tercera va la vencida, deciden, ya bien mediado el S. XVII, comprar casas adyacentes y empezar a construir el tercer monasterio. Las obras, por las dificultades económicas, iban muy despacio, pero todo se empezó a solucionar en 1676, cuando los frailes consiguieron el patronazgo de don Gregorio de Silva y Mendoza.

Gracias a este noble, la capilla mayor de la nueva iglesia se termina en 1688. El resto del templo no se acabaría hasta principios del S. XVIII. Tiene forma de cruz latina, con cúpula sobre tambor y tres capillas a cada lado de la nave principal. Su decoración nos lleva ya al abandono de las formas más clásicas y al inicio de un mayor barroquismo. A los pies, a la derecha, llama la atención una capilla bellamente decorada con pinturas murales en las que aparece una imagen de la Virgen del Carmen y otras de santas y ángeles entre nubes. La fachada, frente a la plaza de las Bernardas, es de tres cuerpos. Los laterales, unidos al central por aletones, y este último, acabado en frontón triangular con pedestales y bolas. La portada original se conserva, tras ser trasladada en el S. XIX, en el lado de la iglesia que da a la calle de Santiago. Es un arco de medio punto, de piedra, entre pilastras toscanas.

El convento se construyó muy lentamente, terminándose las obras en 1737. Conserva un amplio patio de dos alturas. La primera está resuelta con arcos de medio punto sobre pilares de piedra y la segunda con arcos rebajados de ladrillo, también sobre pilares. La fachada da a la calle de San Bernardo y conserva dos portadas. La principal, situada junto a la iglesia, está formada por un arco de piedra coronado por un frontón semicircular en el que aparece el escudo de los dominicos. La secundaria, al otro extremo, es un simple arco de ladrillo.

Una fecha importante para este monasterio fue la de 1698. Ese año quedan incorporados a la Universidad como colegio, matriculándose los frailes y jurando cumplir con las normas que imponía el Mayor de San Ildefonso.

En 1882, tras la Desamortización, es vendido al Ayuntamiento, que lo cede para su uso como Juzgados y Cárcel. Se hacen reformas que transforman su estructura y que, sobre todo, afectan a la iglesia como, por ejemplo, al dividir en dos partes la nave, al destruir la cubierta y la linterna de la cúpula, o al ya mencionado traslado de la portada a la calle de Santiago. Actualmente, tras su inauguración en 1999, alberga el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid.

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