Asturio y el culto a Justo y Pastor. Complutum, siglos IV y V

Puede que sea Asturio una de las personas más importantes para la historia de nuestra ciudad. No muy conocido, quizá olvidado, pero es posible que se deba a su voluntad el que la ciudad se localice en torno al simbólico lugar donde murieron Justo y Pastor.

Parece ser que Asturio nació en la localidad de Villaseca, no muy lejos de Toledo, en la segunda mitad del siglo IV.

El cristianismo estaba en auge y poco a poco iba impregnando la sociedad, las costumbres y la política. El joven Asturio se tuvo que sentir llamado por la religión y se dirigió a Toledo, donde fue protegido por el obispo Audencio y hasta se dice que llegó a contar con el apoyo del Emperador de Roma, que por aquel entonces pudo ser Flavio Teodosio o simplemente  Teodosio.

Con el tiempo creció su influencia e importancia en Toledo, hasta el punto de que tras la muerte de Audencio le sucedió en la mitra toledana. Ejerció su obispado entre 395 y 412 y llegó a convocar un Concilio de Toledo. Y siendo obispo de Toledo, se interesó por los hechos ocurridos hacia el año 305 en torno a dos niños complutenses, en la época de las grandes persecuciones de Diocleciano.

Asturio y el culto a Justo y Pastor. Complutum, siglos IV y V

Hacía ya mucho tiempo, más de cien años, que había ocurrido el martirio mediante degollación de dos jóvenes romanos en Complutum. El recuerdo de aquellos niños proseguía entre los cristianos, pero también es cierto que se había descuidado su culto.

Posiblemente, la voluntad de Asturio fue incentivar el cristianismo en Complutum o simplemente crear o recuperar un importante centro de culto en torno a dos figuras llenas de carisma. Según cuenta la tradición, como recuerda San Ildefonso, «parece ser que fue advertido por revelación divina para que indagase sobre unos mártires sepultados en el municipio complutense». El caso es que, también en palabras de San Ildefonso, «acudió rápidamente y encontró ocultos, bajo el peso del túmulo y el olvido del tiempo, a aquellos que merecían la luz y la gloria de ser conocidos en la tierra». Es decir, más que descubrir el sepulcro, lo que hizo Asturio fue sacar del olvido la memoria de las Santos Niños.

Por esta razón, abandonó Toledo y se dirigió a Complutum, donde veneró los restos y la piedra del martirio, mandó construir un nuevo templo que sustituyera a la antigua «cella martyris» y se convirtió en obispo Complutense hacia el año 412. Pero no fue el primero, como queda probado en las actas del primer Concilio de Zaragoza (año 380), donde se recoge la firma de «Ampelio, obispo complutense».

Depositó los restos de Justo y Pastor en una bella arca de jaspe y la piedra del martirio la situó sobre dos antiguos leones. Gracias a su iniciativa, creció el culto a los Santos Niños, llegando incluso hasta Francia, y convirtió a Complutum en un importante lugar de peregrinación.

Llegó a escribir una historia de Justo y Pastor y recuperó para los complutenses parte de la importancia histórica, religiosa, comercial y estratégica que tuvo la ciudad en etapas anteriores de la Hispania romana.

Parece ser que murió hacia el 424 en Complutum. Fue enterrado en la iglesia dedicada a Justo y Pastor y allí permaneció hasta la llegada de los musulmanes en el siglo VIII. Se dice que el príncipe visigodo Pelagio se llevó sus restos a Oviedo, donde se conservaron sus reliquias en la Cámara Santa de la Catedral. En 2015, parte de estas reliquias fueron llevadas a Villaseca de la Sagra, su localidad natal.

Está considerado santo por la iglesia católica.

 

 

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