Pedro Martín Regalado, el juego de billar, Alcalá de Henares, 1816

Pedro Martín Regalado, el juego de billar, Alcalá de Henares, 1816

¿Cómo era la sociedad alcalaína a finales del siglo XVIII o principios del XIX? Posiblemente la decadencia universitaria se percibía y, a pesar de los intentos de reforma o de modernización, seguro que esta situación influía en el día a día de la que había sido una de las ciudades más vivas de Europa. Ya no era lo mismo, la Ilustración y sus intentos de modernización de un sistema educativo que se había quedado obsoleto habían convertido a la Universidad de Alcalá de Henares casi en el ejemplo perfecto de la necesidad de cambiar. Más tarde llegaría la invasión napoleónica, luego el complejo siglo XIX con sus constituciones, con el peor rey de la historia, con sus disputas dinásticas, con una política cambiante y sujeta a los intereses de liberales y conservadores. En fin, avances y parálisis a la vez en una sociedad que se debatía entre las costumbres y la añoranza de un idealizado pasado y la necesidad de un futuro nuevo y diferente.

Las personas de la época tuvieron que vivir aquel momento de crisis y de cambio con bastante desasosiego. Me imagino la incertidumbre ante la mala situación económica, el miedo a no poder ganarse la vida, la necesidad de buscar recursos para sobrevivir. Pero también seguían divirtiéndose, buscaban incluso nuevas formas de ocio que, llegadas del resto de Europa otorgaban además una cierta distinción. Y en este caso podemos incluir al billar.

Un juego que puede que sea muy antiguo, para algunos ya se jugaba en Egipto o en Grecia, aunque fue en Francia donde se hizo plenamente europeo. Billar puede venir de bille, que se traduce por bola en francés.  En España se popularizó desde el siglo XVIII, sobre todo entre los nobles, llegando incluso a crearse una modalidad propia que se conoce como «billar español».

Tan popular fue entre la nobleza, que su práctica dejó en nuestro léxico un calificativo que aún hoy sigue siendo muy popular. Me imagino que saben lo que es «hacer la pelota» y hasta es posible que conozcan a alguien con las cualidades suficientes como para poder definirle como un «pelota». Parece ser que la expresión proviene del nombre que se le otorgaba a los nobles que, queriendo ensalzar las virtudes de Fernando VII durante el juego del billar, le colocaban las bolas de tal manera que el monarca podía hacer con facilidad cuantas carambolas deseara.

El billar llegó a ser muy popùlar y nacieron los establecimientos dedicados a su práctica, los famosos billares, que han existido en nuestras ciudades hasta hace bien poco. Y es aquí donde me he topado con un valiente vecino de Alcalá de Henares que pleiteó y ganó ante una injusta situación que no le permitía seguir ganándose la vida.

El juego del billar, Alcalá de Henares, 1816

Estamos en octubre del año 1816 y por fin Pedro Martín Regalado lo ha conseguido. Ha tenido que pedir auxilio a la justicia para conseguir de nuevo licencia para abrir la «mesa de juego de billar» que regenta en su casa. Ha sido una gran injusticia y desde agosto anda presentando ante la Sala de Alcaldes de Casa y Corte todo lo necesario para hacer valer sus derechos.

Se trata de ganarse la vida de manera honrada. Argumenta que su profesión es la de impresor cajista, pero que su trabajo no le permitía mantener a su familia, por lo que decidió abrir en su casa una mesa de juego de billar como negocio con el que sostenerse él y los suyos. Por distintas circunstancias, se perdió la licencia que tenía desde hace años, por lo que solicita una nueva para poder seguir con su actividad. La respuesta positiva a su demanda se firma en Alcalá de Henares el 4 de octubre de 1816.

No se cómo le fue a partir de entonces. Tampoco se dónde vivió en nuestra ciudad, aunque por qué no fantasear con que su casa estuviera en la calle Libreros o su entorno, zona dedicada desde los orígenes de la Universidad a la venta e impresión de libros. Puede que su negocio fuera mal, en una época en la que la Universidad comenzaba a no ser ya el gran recurso económico de la ciudad, y puede que tanto él como otros profesionales dedicados a la misma actividad acabaran sustituyendo el negocio de los libros por el más demandado del juego.

En fin, simples conjeturas, aunque lo que se puede afirmar con seguridad es que los alcalaínos de principios del siglo XIX tenían gran afición a echar una agradable partida de billar.

Resolución final del expediente (Archivo Histórico Nacional):

El juego del billar, Alcalá de Henares, 1816El juego del billar, Alcalá de Henares, 1816

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