La pandemia de 1918, otro momento terrible para la humanidad

La pandemia de 1918, otro momento terrible para la humanidad

En el año 1918 comenzó una de las pandemias más devastadoras de las sufridas por la humanidad. Los primeros casos confirmados fueron en Estados Unidos (Fort Riley, Kansas) sobre el mes de marzo, aunque más tarde se sospechó de casos anteriores en 1917. La causó el virus Influenza A del subtipo H1N1.  Fue terrorífica, se dice que los primeros años murieron en torno a 40 millones de personas y que al final la cifra de muertes pudo alcanzar los casi 100 millones. Afectó a todos las edades, con una alta tasa de mortalidad infantil.

El virus acabó mutando a peor, llegando a Francia entre la primavera y el verano de 1918  por el puerto de Brest (todavía entraban por este puerto tropas estadounidenses debido a la Primera Guerra Mundial, finalizada en noviembre de 1918) y convirtiéndolo en absolutamente letal.

Fue terrible y aunque ya se contaban con medios científicos y de profilaxis, la pandemia provocó una de las más grandes crisis demográficas y económicas de la historia. Se dice que en China llegaron a morir 30 millones de personas.

España, uno de los pocos países que no censuró las noticias de la gran pandemia (no participó en la Primera Guerra Mundial y la información emitida por la prensa española pretendía ser amplia y neutral), acabó dando nombre a la misma por la citada «libertad» informativa, por ello lo de «gripe española», aunque su origen no tuvo nada que ver con nuestro país.

Tengo la sensación de que todavía en 1918 no se sospechaba o no se podían creer hasta donde podía llegar la gravedad de la pandemia, aunque las cifras pronto lo dejaron claro. Poniendo como ejemplo a España, hacia el verano de 1918 ya había cerca de 8 millones de infectados y unos 200.000 muertos, aunque las cifras oficiales «trataban de aliviar» la magnitud de la tragedia.

Son interesantes las declaraciones del doctor Carlos María Cortezo en el diario «La Época» del lunes 14 de octubre de 1918, estableciendo criterios de prevención y desinfección hoy en día de plena actualidad:

«Declaraciones del doctor Cortezo

El doctor Cortezo ha dicho: «A nadie de los que entienden da epidemiología puede caberle duda do que se trata de una epidemia de gripe. Todos los médicos nacionales que se encuentran en lucha con ella, de tal la califican. Lo mismo ocurre con los extranjeros, así como con los norteamericanos, que tuvieron que habérselas con ella en enero último; como con los franceses, que la estudiaron y combatieron en el mes de agosto, que con los alemanes, que durante este verano la han sufrido.
Respecto a estos últimos, ayer mismo leía yo un resumen de sus opiniones, publicado en The Lancet, de Londres, y en el dicho resumen todos los bacteriólogos y clínicos tudescos están de acuerdo en la calificación y en registrar la extrañeza relativa de la diferente gravedad y del cuadro de síntomas diversos que presenta el mal en unos y otros casos.
No evitada ya la invasión, pues manifestada esta en puntos diseminados en toda la Península, las medidas do evitación en las fronteras me parecen excesivas e inútiles; y en cuanto a las interiores, ni conozco otra ni creo que pueda recomendarse más qué la ventilación, el huir de las aglomeraciones y de los recintos confinados, la desinfección de
la boca y la nariz, el abrigo moderado del cuerpo y el acudir al médico desde la aparición de los primeros síntomas, ya que, por ser tan variadas sus formas, requiero cada una tratamiento diferente, y que pudiera ser nocivo si a otra que a la que en que está indicado se aplicara.»

En cuanto a Alcalá de Henares, la epidemia tuvo que ser grave, aunque al principio de la misma aparecen noticias que parecen mitigar la situación, indicando una lenta progresión de la misma. También en el diario «La Época» del lunes 14 de octubre de 1918 aparece esta noticia:

«La gripe en la provincia de Madrid. El subsecretario de Gobernación dio esta mañana las siguientes noticias del estado sanitario en la provincia de Madrid:
En Torrejón de Ardoz, donde la vez pasada no hubo epidemia de gripe, hay ahora 800 atacados, habiendo ocurrido cuatro defunciones.
En cambio en Alcalá de Henares, donde la vez anterior se notó mucho la enfermedad, no hay más que 30 atacados, habiendo ocurrido un fallecimiento.
En Canillejas, en el Colegio que poseían las Hermanas Salesianas, hay 30 atacados, y en el resto del pueblo, siete.
Por el ministerio de la Gobernación se ha enviado a los pueblos mencionados toda clase de material sanitario, y especialmente aparatos de desinfección.»

Y en «El Liberal», también del 14 de octubre de 1918, aparece lo siguiente:

«LA EPIDEMIA EN LA PROVINCIA DE MADRID. El Inspector de Sanidad ha recorrido los pueblos de la provincia para informarse estado sanitario. Según las noticias del citado funcionario, en Torrejón de Ardoz hay 300 casos y se han registrado cuatro defunciones. En Alcalá de Henares hubo 30 casos y una defunción.»

El mismo día, también «El Liberal», da la noticia de la promulgación de un bando por parte del alcalde de Madrid:

«UN BANDO. Hoy dictará el alcalde Madrid un bando conteniendo las medidas adaptadas y las que han de adoptarse para prevenir la invasión de la epidemia reinante.
Entre estas últimas hay una desinfección enérgica de todos los lugares donde haya aglomeración de personas, como son las iglesias, teatros, oficinas y hasta las dos Cámaras
que serán desinfectadas dos veces al día.»

Y por último, los remedios, que se buscaban a la desesperada, como «Las pastillas Banald ante la epidemia gripal. Las conocidas pastillas Bonald, que tienen como base las sales cloro-boro-sódicas, están comprobadas por todos los clínicos como antiflogísticas, antisépticas y desinfectantes de las fosas nasales, boca y garganta; y como la epidemia actual ataca con preferencia las mucosas del aparato respiratorio, sirviendo sus cavidades de puerta de entrada al bacilo de la gripe, las pastillas Bonald deben aplicarse como preventivas en las actuales circunstancias de la siguiente forma:
1. Dos pastillas, en pequeños trocitos durante el día.
2. Disuélvanse seis pastillas en un litro de agua, previamente hervida, haciendo con dicha
solución enjuagatorios, gargarismos y lavados de las fosas nasales, absorbiendo por
la nariz varias veces al día.
Consíguese con esto una desinfección completa y eficaz por su intensidad profiláctica.» (El Globo, 29 de noviembre de 1918)».

Como ven, nuestra sociedad ha sufrido a lo largo de la historia situaciones que parecen repetirse de manera cíclica. Ante ellas, no nos queda más remedio que aprender, no repetir errores, corregir lo que podamos estar haciendo mal ante nuestro planeta desde el punto de vista medioambiental y seguir trabajando e invirtiendo económicamente en sanidad y avances técnicos y científicos como único método seguro de superar este tipo de terribles y traumáticas crisis sanitarias y sociales. Espero que esta vez no se cumpla aquello de «caer dos veces en la misma piedra» y que seamos capaces de asumir nuestra vulnerabilidad y la necesidad de mejorar y cambiar como sociedad, al fin y al cabo lo importante es la vida, la nuestra y la de nuestro planeta.

Enrique M. Pérez

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