Hervás y Panduro, un gran intelectual que estudió en Alcalá de Henares

Hervás y Panduro, un gran intelectual que estudió en Alcalá de Henares

Uno de los motivos por los que me interesa Lorenzo García y Panduro (conocido como Hervás (por el segundo apellido de su padre) y Panduro) es meramente personal. Nació el año 1735 en un pueblo de La Mancha conquense, perteneciente a un histórico territorio vinculado a la Orden de Santiago, Horcajo de Santiago, un lugar al que estoy vinculado personalmente al ser el pueblo de mi madre. Lorenzo Hervás es una de esas figuras en las que te fijas, una lápida en la calle que lleva su nombre donde estuvo su casa, camino del Cerrillo, la iglesia, la casa de la Cadena, la fiesta del Vitor… Otro motivo es el de mis estudios de filología, especialidad a la que Hervás y Panduro dedicó buena parte de su vida. Y por último, fue estudiante en la Universidad de Alcalá de Henares. De todo ello, lo del nacimiento es lo más circunstancial, aunque es también lo más sentimental, el resto hizo del ilustrado horcajeño uno de los grandes intelectuales de su época. Y como corresponde a aquel tiempo, fue un erudito enciclopedista: polígrafo, gramático, etnógrafo, dicen que padre de la lingüística comparada y una de las figuras más sobresalientes de la Escuela Universalista Española del siglo XVIII. Pero también sabía de derecho, matemáticas, astronomía, historia…

Sus padres, casi como un tópico, labradores y pobres, él inteligente, quedó huérfano de padre con 15 años y su madre recurrió a aquello tan socorrido de enviar al hijo a un semanario para poder estudiar. Y fue en el noviciado de los jesuitas de Madrid donde comenzó a formarse. Luego, entre 1752 y 1560, vendrían los estudios en Alcalá de Henares.

Se convirtió en un gran erudito, reconocido y admirado. Bastante antes de que se estableciera la relación entre las lenguas europeas a través de su origen común en el indoeuropeo, Hervás y Panduro ya hablaba de la relación entre el griego y el sánscrito. Su valía fue reconocida por los grandes eruditos europeos de la época, como Humboldt o Max Müller, pero lo más importante es que tuvo una idea absolutamente avanzada sobre la lengua como una manera de establecer y condicionar la realidad, más allá de la idea de un conjunto de simples códigos lingüísticos y acercándose a conceptos relacionados con lo social, el pensamiento, la educación y las culturas humanas.

Su vida, condicionada por su pertenencia a la Compañía de Jesús, siguió el camino de la enseñanza y la erudición. Se ordenó sacerdote en 1760, pasó por Cuenca, trabajó en la gran biblioteca de la Orden de Santiago en Uclés, luego dió clases en Cáceres, Huete, Madrid (en el Seminario de Nobles), Murcia. Y de pronto vino la expulsión.

Carlos III en 1767 expulsó a los jesuitas. Hervás salió de España y acabó en los Estados Pontificios. Allí escribió (en italiano) una auténtica enciclopedia a la que tituló «Historia de la vida del hombre», una magnífica obra divulgativa que completó con los seis tomos de «Historia de la tierra». En Roma tramitó la versión castellana de su obra (entre 1789 y 1807), aunque la corte española no estaba por entonces para demasiadas novedades, debido a la tremenda desconfianza que generó la revolución francesa. Para los eruditos españoles, las ideas sociales de Hervás y Panduro sonaban casi a sacrilegio y la obra fue duramente censurada. Entretanto, su labor en Roma fue enorme: trabajó catalogando libros, desarrolló un magnífico mapa idiomático del mundo, realizó estudios filológicos, etnográficos, estudió las lenguas nativas americanas, creó métodos absolutamente pedagógicos posibilitando la lectura y escritura a los sordomudos…

Hervás y Panduro, un gran intelectual que estudió en Alcalá de Henares

Aún tuvo tiempo de regresar a España en 1799. En Barcelona trabajó en el Archivo de la Corona de Aragón y más tarde, de nuevo volvió a su pueblo, Horcajo de Santiago, desde el que pudo dedicarse a seguir catalogando y estudiando el gran archivo y biblioteca de la orden de Santiago en Uclés. Tras la segunda expulsión de los jesuitas regresó a Roma. Allí, su inmensa fama le hizo un hombre ilustre, acumulando títulos y honores: miembro de la Academia Etrusca de Cortona, de la de Ciencias y Antigüedades de Dublín, de la Real Sociedad Económica Vascongada, bibliotecario del Quirinal… Murió en 1809 y se encuentra enterrado junto al altar Mayor de la iglesia del Gesú de Roma.

Más información en el siguiente enlace: Lorenzo Hervás y Panduro

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