Alcalá de Henares en el Cantar de Mio Cid

Alcalá de Henares en el Cantar de Mio Cid nos lleva hasta una población musulmana del siglo XI situada en la Marca Media de Al-Andalus, un territorio complicado y sujeto a los ataques de unos y de otros, que difícilmente conseguiría sobrevivir en un duro ambiente de frontera.

En el siglo XIV, Pero Abad copió un canto legendario que recorría los pueblos castellanos. Utilizó una lengua muy suya, llena de las impurezas que por entonces se llevaban por las tierras de San Esteban de Gormaz. El Cantar en honor a Mío Cid, a Rodrigo Díaz de Vivar, se convirtió en el manual del perfecto héroe cristiano del momento y de paso en un maravilloso tesoro de nuestra literatura.

Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, alférez del rey Sancho II de Castilla, nació en Vivar en 1048 y murió en Valencia en 1099. La historia que contaban y cantaban sobre él comienza cuando hace jurar a Alfonso VI de León y Castilla en Santa Gadea que no ha tenido nada que ver en la muerte de su hermano Sancho II. Luego vendría el destierro de tierras de Castilla y la desgarradora afrenta de Corpes. Lo escrito por Pero Abad se divide en tres cantos: el del destierro, el de bodas y el de la afrenta de Corpes.

Desterrado, tras despedirse de su mujer e hijas y dejarlas al cuidado de los monjes en el monasterio de Cardeñas, Rodrigo se dedica a hostigar a los caudillos y reyezuelos musulmanes que va encontrando a su paso. Las fuerzas entre estos últimos y los cristianos están muy igualadas y la zona en la que se encuentra Alcalá de Henares es de las más propicias a racias y peleas, por ser tierra de frontera, situación que propicia que ocurran continuas escaramuzas y que las ciudades sean conquistadas por unos y reconquistadas por los otros sucesivamente.

Es el Cantar I y el Cid, en tierras del Henares, va a lograr su primera gran victoria: “A osadas corred que por miedo nom dexedes nada. / Fita ayuso e por Guadalfajara / Fata Alcalá legen las (aras), / E bien acojan todas las ganancias, / Que por miedo de los moros non dexen nada”. (versos 445-48).

La expedición tuvo éxito, por lo que: “…Fasta Alcalá lego la seña de Minaya, / E desi arriba e por Guadalfajara”. ( versos 477-79).

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