El origen de las ferias de Alcalá de Henares

El origen de las ferias de Alcalá de Henares hay que buscarlo en la idea de los arzobispos de Toledo de convertir a la ciudad en un importante centro de desarrollo económico y comercial dentro de su gran territorio.

En el contexto económico de la época, se trataba de competir con grandes centros comerciales, como Medina del Campo, convertida en la auténtica capital económica de Castilla.

El origen de las ferias de Alcalá de Henares

Las transacciones de ganado, productos agrícolas y manufacturados atraían a productores, vendedores y compradores, posibilitando una gran riqueza en torno a este tipo de eventos.

En el caso de Alalá de Henares, fue el rey Alfonso VIII, a petición del arzobispo Gonzalo Pérez (1182-1191), quien concedió un privilegio, en marzo de 1184, por el que se otorgaba la celebración de una feria 10 días después del domingo de Quasimodo (siguiente al de Pascua de Resurrección). Más tarde, el rey Alfonso X se convertirá en el auténtico artífice de la tradición ferial alcalaína al trasladar esta actividad comercial hacia el día de San Bartolomé (finales de agosto). Para la celebración de este gran acontecimiento comercial se habilitó un gran espacio extramuros; una gran plaza del coso que acabó conociéndose como plaza del Mercado y mucho más tarde como plaza de Cervantes. De esta manera, se documentan, al menos hasta 1293, las coexistencia de dos citas feriales anuales. Los arzobispos de Toledo acabaron fomentando la gran feria de finales de agosto, allá por San Bartolomé, haciendo que desapareciera la vieja feria de Alfonso VIII.

Pero la riqueza comercial no se limitaba a las ferias. Además, la histórica y estratégica situación de Alcalá en un cruce de caminos fomentó las transacciones económicas que se realizan en la calle Mayor durante todo el año. El comercio de la gran rúa complutense, protagonizado en gran parte por los judíos, otorgó una riqueza constante a la ciudad.

Todas estas circunstancias otorgaron a Alcalá de Henares un carácter abierto y cosmopolita; las ferias, los mercados, los diversos negocios asentados en el entorno de la calle Mayor (el recuerdo de los gremios medievales nos queda en el antiguo nombre de calles como de Cerrajeros, Limoneros, Manteros, Alojeros…) daban también a la ciudad la oportunidad para la fiesta, la diversión  el ocio, como todavía hoy podemos ver reflejado en los colores con los que se adornaban las columnas de la calle Mayor.

El origen de las ferias de Alcalá de Henares

El momento más importante para el desarrollo económico de la ciudad llegaría en el siglo XVI con la fundación universitaria por parte del Cardenal Cisneros. A la tradición comercial y ferial de origen medieval se unió la enorme oportunidad que nació en torno al mundo universitario: mercados, librerías imprentas, comercios, tabernas, hospedajes…

Las ferias de Alcalá de Henares sobrevivieron a los siglos y se mantuvieron hasta la primera mitad del siglo XX. Las ferias de toda la vida, por San Bartolomé, se acabaron trasladando hasta las viejas Eras de San Isidro, a las afueras, abandonando, a mediados del siglo pasado, su tradicional lugar de celebración: la plaza del Mercado o de Cervantes. Más tarde desaparecerían por completo debido a los cambios económicos en la ciudad y a su desarrollo urbano.

El origen de las ferias de Alcalá de Henares

Hoy el recuerdo de las grandes ferias de Alcalá de Henares se refleja en las fiestas ciudadanas que se celebran a finales de agosto en recuerdo de aquel gran evento económico y siempre coincidiendo en el tiempo con el día de San Bartolomé. Pero también su recuerdo queda en la riqueza comercial y económica de nuestra bella calle Mayor; un gran monumento histórico que no tendría sentido sin un carácter comercial que debemos proteger y preservar.

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