Capilla y sacristía de las Santas Formas, Alcalá de Henares

Capítulo del libro «La antigua iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús en Alcalá de Henares, actual parroquia de Santa María», publicado por la oficina técnica del obispado de Alcalá de Henares en 2001.

«La iglesia del Colegio Máximo de la Compañía de Jesús en Alcalá de Henares fue protagonista de uno de los más famosos y populares del siglo XVII complutense: las Santas Formas. En 1597, un penitente anónimo, posiblemente de origen morisco, tras confesar arrepentido su robo, entregó al padre jesuita Juan Juárez un papel en el que venían envueltas 24 Formas consagradas. Juárez, temeroso de que estuvieran envenenadas, las guardó en un lugar húmedo para que se corrompiesen. Pero, pasado un tiempo, las Formas seguían frescas, por lo que decidió, tras consultar al superior del colegio, ponerlas en un lugar aún más húmedo junto con otras formas no consagradas. Meses después, las consagradas seguían tal cual mientras que las otras estaban descompuestas.

En 1608, visitó el Colegio Máximo el provincial de la Orden en Toledo para comprobar el milagro, trasladándose las Formas al altar mayor de la iglesia. Una junta de doctores de la Universidad trató el tema y, tras sus conclusiones, en 1619 fue ratificado el milagro. Desde 1624, estuvieron en una valiosa custodia de plata, donación del arzobispo de Santiago Agustín Espínola, que era sacada en procesión todos llos años el quinto domingo después de Resurrección y que constituía una de las más arraigadas y multitudinarias tradiciones alcalaínas. Tras la expulsión de los jesuitas, fueron trasladadas a la Magistral, donde permanecieron en su custodia hasta la guerra civil de 1936. Al inicio de la contienda, se cuenta que tres sacerdotes decidieron esconderlas en un lugar seguro, y tan seguro fue que muertos los tres al poco tiempo no quedó rastro del lugar del escondite.

La tradición del culto a las Santas Formas acabó con la guerra civil de 1936, pero ha quedado como testigo de lo que este hecho milagroso significó para los alcalaínos una capilla sacramental y su sacristía. Corría el año 1678 cuando el afán de los jesuitas por contar con un lugar en su iglesia digno del milagro de las Formas hizo que se llegara a un acuerdo con el vecino Colegio del Rey para que cediera tres pies y medio de terreno y así poder construir la mencionada capilla. Gracias al empeña de los jesuitas, esta magnífica obra del barroco alcalaíno, situada en el lado del evangelio, junto a la cabecera de la iglesia, se acabó en 1688, sin haber llegado hasta nosotros noticia alguna sobre quién fue su autor.

En su construcción se siguió un modelo de planta central, famoso en la arquitectura complutense gracias a obras como la iglesia de las Bernardas. Tiene forma de cruz griega, aunque el desarrollo del conjunto el desarrollo del conjunto se estructura en dos ámbitos debido a la capilla de la iglesia, de planta rectangular, s la que se unió. La cubre una excepcional cúpula sobre tambor, que levanta su media naranja sobre el cielo alcalaíno libre de tapujos arquitectónicos, conformando uno de los más bellos paisajes monumentales de la ciudad. Aunque quizá el elemento más sorprendente de esta cúpula sea su decoración interior.

Poco se sabe de la contratación y realización de estas pinturas, aunque es posible que, como atestigua Elías Tormo, interviniera en ellas, al menos en primera instancia, el pintor Juan Cano Arévalo. La obra, como ocurre en otros conjuntos de pintura mural madrileña de superior categoría (San Antonio de los Alemanes), pudo ser realizada en varias fases, acabando y firmando el conjunto Juan Vicente de la Ribera. En todo caso, la intervención de Cano Arévalo no pasaría más allá del año 1690.

En las pinturas se percibe, ya en un estilo despojado de la frescura de los maestros, la influencia de figuras como Juan Carreño de Miranda o Francisco Rizi, ambos participantes en la decoración de San Antonio de los Alemanes. La riqueza compositiva de las arquitecturas fingidas trabajadas por los maestros de la Corte se transforma en este caso en sutiles matices decorativos que realzan y enriquecen los elementos arquitectónicos reales. Así ocurre con alguna de las ventanas ciegas del tambor, tratadas como marcos que encuadran lienzos pintados, alternándose con otras abiertas por las que pasa libremente la luz. En la cúpula aparecen representados entre velos y guirnaldas una serie de arcángeles, uno de los cuales aparece sujetando una custodia con las Santas Formas, que se nos presenta lleno de dinamismo y retorcimiento.

La linterna que corona la capilla se poya sobre un bello anillo de hojas, pintado con soltura y utilizando una rica variedad de colores. Sobre él, aparecen pequeños angelotes desnudos que revolotean en el interior del cupulín que cierra el conjunto.

En 1786, la obra se completó con unas vidrieras, trabajadas por Pedro de los Ríos, que se situaron en las ventanas de la media naranja y la linterna. De esta época son los añadidos, no de muy buena factura, que representan fustes decorados con guirnaldas y columnas salomónicas.

En cuanto a los autores de las pinturas, sabemos que Juan Cano Arévalo, nacido en Valdemoro en 1656, fue discípulo de Francisco Camilo. Hombre juerguista, pendenciero y muy hábil con la esgrima, sus aventuras acabaron por costarle la vida. Durante unas fiestas de toros en Alcalá de Henares desafió a un espectador, al que venció sin dificultad, pero la fortuna quiso que unos amigos de este último le atacaran e hirieran gravemente, muriendo en Madrid en 1696. En la ciudad complutense pintó al fresco el presbiterio y las capillas colaterales de la desaparecida iglesia de Santa María.

De Juan Vicente de la Ribera se sabe que residía en Madrid a principios del siglo XVIII. Fue el pintor de las pechinas de la cúpula de la desaparecida iglesia del monasterio de San Felipe el Real, en cuyas gradas se situó el famoso mentidero de la Corte. En Alcalá de Henares, además de la cúpula de las Santas Formas, dejó obras como un desaparecido lienzo con el tema del martirio de los Santos Justo Y Pastor, que se situó en la tesorería de la iglesia Magistral.

Entre 1714 y 1718, se amplió el conjunto añadiéndose a la capilla una nueva sacristía. La obra, según constata Portilla y Esquivel en su Historia de la ciudad de Compluto, se debió a la iniciativa del jesuita fray José Cassani, «académico de la Academia Real de España y catedrático de matemáticas». El conjunto se desarrolló en forma octogonal, cubriéndose con cúpula oval y linterna. Se repite por tanto el modelo de planta central, aunque acentuada en este caso por la sorprendente ondulación y dinamismo de los elementos arquitectónicos y decorativos. Como ya ocurría en la capilla de las Santas Formas, también en la sacristía la luz tomó un protagonismo especial, resultando el conjunto de ambas construcciones, tanto en sus interiores como exteriores, un magnífico ejemplo del barroco decorativo y escenográfico del momento.

Hacia mediados del siglo XVIII, la sacristía se transformó en camarín de las Santas Formas. Este hecho motivó que se construyera un transparente en el altar de la capilla, situado de tal manera que recibía directamente la luz de las amplias ventanas del tambor. El altar fue realizado en 1751 siguiendo las tendencias decorativas del último barroco español.

Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el Colegio Máximo de la Compañía de Jesús se rehabilitó para acoger a la Universidad, utilizándose la capilla de las Santas Formas como sacristía de la iglesia. A finales del siglo XVIII, Manuel Machuca y Vargas realizó obras de restauración y suprimió el altar. Como dato curioso, Elías Tormo cuenta en su guía sobre Alcalá de Henares, publicada en 1931, como en su interior se conservaba «un reloj inglés, espejos, crucifijo de bronce» y otros «muebles interesantes».

Por último, en los años 90 del siglo XX, el conjunto fue restaurado según proyecto de los arquitectos Emilio Tuñón Álvarez y Pedro Iglesias Picazo, incorporando al mismo un nuevo retablo con materiales y formas totalmente contemporáneas.

Enrique M. Pérez Martínez».

(En la segunda década de 2000 se llevó a cabo una segunda restauración a cargo de la oficina técnica del obispado de Alcalá de Henares. Además de la restauración y rehabilitación del conjunto exterior, se ha recuperado el culto a las Santas Formas, incorporando un retablo de trazas barrocas (siglo XVIII) y una reproducción de la custodia original, donde se sitúan 24 Formas consagradas).

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