Colegio menor de San Clemente Mártir o de los manchegos

El Colegio menor de San Clemente Mártir o de los manchegos tuvo su origen en la curiosa profecía de dos amigos: dos colegiales universitarios de Alcalá de Henares, asomados desde un balcón del colegio de la Madre de Dios, profetizaron fundar colegios en la ciudad. La profecía se cumplió y uno de ellos, el que llegaría a ser arzobispo de Toledo don García de Loaysa, fundó, en 1589, éste de San Clemente en la calle de Santa Úrsula, para el estudio de ocho canonistas.

El edificio tenía un airoso torreón al este y fachada de dos alturas. La capilla, aunque con ricas pinturas, respondía a la sobriedad normal de los colegios seculares.

El apodo se le dio gracias al doctor Sebastián Martínez de Tribaldos, de apellido manchego, que por testamento le otorgó nuevas constituciones y aumentó el número de becas hasta 20. Tenían preferencia los estudiantes de apellido Tribaldos y después los nacidos en La Mancha. La falta de dinero hizo que fuera agregado, a mediados del siglo XVIII, al de Santa Catalina o de los Verdes.

Los colegiales se vestían con un bonete negro, un manto de color azul y una beca de color dorado oscuro. Entre sus alumnos estuvo Francisco Valero y Losa, que llegó a ser rector del Colegio y arzobispo de Toledo.

Tras el cierre y traslado a Madrid de la Universidad en 1836, fue puesto en venta, transformándose en viviendas particulares. En 1996 se restauró la fachada y se llevaron a cabo unas importantes obras de reconstrucción interior, que han conservado dos antiguos arcos de ladrillo.

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