Antigua parroquia de Santa María la Mayor, Alcalá de Henares

Antigua parroquia de Santa María la Mayor, Alcalá de Henares

Fue uno de los grandes templos complutenses, un edificio no sólo de un gran valor artístico y arquitectónico, sino también un simbólico al ser el lugar de bautismo de Miguel de Cervantes.

Tenemos constancia de que ya en el siglo XIII en este lugar se levantaba la ermita de San Juan de los Caballeros, una de las más antigua de Alcalá de Henares. A mediados del siglo XV, el arzobispo de Toledo Carrillo de Acuña fundó el convento de Santa María de Jesús y, para ello, trasladó la parroquia de Santa María la Mayor al edificio de la ermita de San Juan de los Caballeros. Al ser insuficiente el tamaño del templo, fue ampliado por la familia Antezana a cambio de utilizar la capilla mayor como lugar de enterramiento. De todo este conjunto el único edificio propiamente medieval que ha llegado hasta nuestros días es la Capilla del Oidor, fundada a principios del siglo XV por Pedro Díaz de Toledo, oidor de Juan II de Castilla, como panteón familiar. En ella se conserva la reproducción de la pila bautismal de Miguel de Cervantes, que fue bautizado en esta parroquia el 9 de octubre de 1547, conservándose actualmente el libro de bautismos en el Ayuntamiento de Alcalá de Henares.

A mediados del siglo XVI, Rodrigo Gil de Hontañón trazó los planos de la nueva iglesia de Santa María la Mayor. El ambicioso proyecto de levantar un gran templo que diera un cierre espectacular a la Plaza de Cervantes quedó inconcluso, construyéndose tan sólo dos tramos de naves. Posteriormente se fueron añadiendo la capilla del Cristo de la Luz (siglo XVII) y la torre, y se cerró la parte posterior del conjunto mediante la sacristía. El resultado de estos avatares fue un edificio extraño, difícil de definir, tal como muestran las fotografías antiguas de la Plaza de Cervantes.

Durante la Guerra Civil, el templo fue incendiado y a los daños sufridos por el edificio hubo que sumar la pérdida de notables obras de arte, entre ellas los magníficos retablos fingidos, pinturas al fresco de Cano Arévalo (siglo XVII), que decoraban los tres ábsides. Si la guerra fue mala la posguerra fue peor al utilizarse las ruinas como cantera de sillares para restaurar otros edificios, siendo este el motivo por el que la torre, de ladrillo y poco reaprovechable, quedó aislada del resto del conjunto. Tras la Guerra Civil, se cerraron las capillas que sobrevivieron a la destrucción del edificio. En 1982, se restauraron de nuevo las diferentes capillas como centro cultural y la plaza donde se encontraban las naves del antiguo templo.

Vista la evolución histórica, ya es más fácil comprender el edificio. Actualmente, de aquel conjunto que conformó la parroquia de Santa María quedan restos arquitectónicos y urbanísticos. Lo primero que vemos es una plaza cuyo suelo dibuja una elipse, producto de la restauración de los años ochenta del siglo XX. Como focos de la elipse, las basas de las columnas que sujetaban las bóvedas del templo. De este modo se puede deducir que constaba de tres naves que se prolongaban hasta la torre, aunque en el proyecto se trazó un templo enorme que hubiera llegado hasta el actual quiosco de la música.

A través de una portada moderna que recrea la arquitectura de los siglos XVII y XVIII, entramos a la barroca capilla del Cristo de la Luz, de una sola nave con bóveda de lunetos y cúpula encamonada sobre crucero sin desarrollar. En un lateral, la Capilla del Oidor propiamente dicha. Se accede a ella a través de un magnífico arco peraltado y angrelado realizado en yesería mudéjar y en excelente estado de conservación. En el interior, bastante restaurado, continúa la decoración en yeso con motivos heráldicos del fundador y tres arcos donde estuvieron los sepulcros de su familia. El techo moderno de madera nos recuerda que originalmente un artesonado cubría la capilla. En el centro de la sala, la ya citada reproducción de la pila de bautismo de Miguel de Cervantes, que conserva restos de la original.

La antigua sacristía sufrió muchos daños tras la destrucción del año 1936. Unas mallas metálicas suspendidas del techo nos indican la forma que tenían antiguamente las bóvedas. En un  ángulo, la escalera de caracol y en el suelo, restos arqueológicos perteneciente a la estructura original. Hoy en día, el principal uso de este monumento es como sala de exposiciones temporales y centro de información turística.

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