El quiosco de la música de la plaza de Cervantes de Alcalá de Henares

 El quiosco de la música de la plaza de Cervantes de Alcalá de Henares forma, junto con la estatua de Cervantes de Carlo Nicoli de 1879, los dos elementos decorativos más característicos del principal espacio urbano de la ciudad.

El proyecto definitivo que se llevó a cabo fue el del arquitecto municipal Martín Pastells y Papell, autor entre otras obras del antiguo Hotel Cervantes y del Círculo de Contribuyentes. Él fue el encargado de realizar el proyecto que fue aprobado por el Pleno del Ayuntamiento en sesión de fecha 6 de septiembre de 1897. El presupuesto ascendía, en un principio, a un total de 7.800 pesetas y 92 céntimos.

Hubo un anteproyecto de Rodolfo Ramissly, que actuaba de intermediario de la empresa “Hijos de L. John y Cía. Sucesores de Leandro Yohn”, de Bilbao, que fue desestimado y que hubiera hecho el quiosco hexagonal en lugar de octogonal, como es en la actualidad.

Francisco Lebrero Alonso era el propietario de la fundición de hierro que llevaba su nombre y que se encontraba en el paseo de los Ocho Hilos nº 6, en Madrid. A él se le hizo la concesión del proyecto y su realización el 18 de diciembre de 1897, considerándose esta fecha como la del inicio de la construcción.

La liquidación de las obras, que ascendió finalmente a 10.092 pesetas y 52 céntimos, es de 11 de abril de 1898, fecha que se admite como la de conclusión del quiosco.

Las funciones del quiosco de la música han sido numerosas: la principal y que marca su razón de ser es la de servir de escenario a los conciertos de música. También ha sido marco de actos políticos, deportivos y reuniones de asociaciones y entidades ciudadanas e incluso de actos religiosos, como sucedió en junio de 1946. En un tiempo, por la puerta orientada hacia las actuales ruinas de Santa María se accedía a unos “frutos secos”. En este lugar es donde se encuentra la escalera que da acceso a la plataforma del quiosco. La zona de la puerta orientada hacia el monumento a Cervantes se utiliza en la actualidad como aseos públicos.

El quiosco tiene una planta octogonal de unos 10 metros de diámetro y está realizado en hierro fundido, excepto el antepecho que es de hierro forjado. En el pedestal de todas las columnas puede apreciarse la firma de la fundición “Lebrero. Madrid”. Todo ello sobre un elevado zócalo que actualmente tiene dos puertas.

La cubierta, cuyo tejado está realizado con rombos de zinc y culmina en un bello remate, está sostenida por ocho columnas de arista muerta. Es un octógono, cada uno de cuyos lados está rematado por un arco conopial con una gran decoración. En la parte superior de estos arcos se extiende una banda decorativa de desarrollo horizontal, que se continúa en la crestería, destacando el trabajo de los ocho ángulos y los cuatro escudos, colocados alternativamente en el centro de cuatro de los ocho lados y en los que se aprecia un castillo rematado por una corona, escudo de armas de la ciudad de Alcalá de Henares.

Reymundo Tornero, en 1950, señalaba que existieron detractores que argumentaban que el quiosco quitaba carácter a la plaza. Incluso se planteó la posibilidad, en la reforma de la plaza de Cervantes en 1977, de trasladarlo al Parque O’Donnell. Por suerte no fue así y hoy sigue siendo un monumento imprescindible en la plaza donde está ubicado y uno de los símbolos más característicos de Alcalá de Henares.

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