Pocas ciudades hay en España que puedan presumir como Alcalá de Henares de su relación con la literatura. Escritores, pensadores, místicos, poetas han sido parte esencial del patrimonio acumulado a través de los siglos por la antigua Complutum. Las primeras referencias latinas, la aparición de Alcalá en el Cantar de Mio Cid, el nacimiento en la ciudad del Arcipreste de Hita, la presencia de San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Francisco de Quevedo, Jovellanos, Leandro Fernández de Moratín o Miguel de Unamuno entre muchos otros. Un tesoro que se vio aumentado por el nacimiento en Alcalá de uno de los grandes genios de la literatura universal: Miguel de Cervantes.

 

Esta guía se propone descubrir parte del patrimonio literario de la ciudad, a la vez que facilita el conocimiento de sus monumentos, costumbres y tradiciones.

Consulta la guía en el pdf adjunto:

ALCALÁ_DE_HENARES__UNA_CIUDAD_LITERARIA

ALCALÁ DE HENARES, la ciudad pensada para ser escrita.

Visitar Alcalá de Henares es más que proponerse un recorrido a través de un entorno monumental. Piedra dorada y gris, ladrillo enrojecido por el tiempo y rojo por la arcilla de sus orígenes, yesos, maderas, extrañamente decoradas, en techos, puertas y ventanas. Mucho tiene que ver esta ciudad, que también fue celtíbera, romana, visigoda y musulmana.

Rincones, esquinas, plazas, calles y, por encima de todo, o, mejor, arropándolo todo, el magnífico espectáculo de un urbanismo pensado con toda la belleza y humanismo del que se puede ser capaz.

Una ciudad sabia, bella, monumental, pero no basta. La Alcalá que nos arropa, que nos sugiere belleza a cada paso, la que está sin insinuarse es aquella que no vemos. Esa ciudad es el ejemplo real de lugar nuevo para la cultura que definieron los hombres del Renacimiento. La ciudad del saber, la urbe intelectual, dedicada a Dios y a los hombres, donde pensaban, y, por tanto, escribían.

Alcalá de Henares entrelaza desde siempre, como cualquier ser vivo, su alma, que es escritura, saber, cultura, y su cuerpo, que es el lugar donde se arropaba a quienes eligieron el camino del pensamiento. Pasear, por tanto, por Alcalá supone seguir la ruta y la vida de la ciudad y del escritor; seguir pasos y huellas marcadas en calles, tapias, muros y papel. Todo mezclado y todo dispuesto a definir un espectáculo majestuoso.

Paseemos, vistamos a la ciudad y a nosotros mismos con ropajes apropiados a nuestro caminar y dispongámonos a descubrirla…

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