El camino del Cid hasta Alcalá de Henares

El camino del Cid hasta Alcalá de Henares es una muestra de la indudable relación que siempre ha mantenido la ciudad con la literatura. Una relación que perdura en la actualidad y que tiene sus orígenes en la literatura latina y medieval.

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El Cantar de Mio Cid.

El Cantar de Mio Cid es la primera gran obra de la literatura española escrita en una lengua romance.  Se compuso a finales del siglo XII o principios del XIII. En 1207 estaba ya finalizado cuando Per Abbat lo copió en un manuscrito, del que procede la única copia (siglo XIV) que hoy se conserva en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Está compuesto por 3735 versos anisosilábicos de asonancia monorrima y relata las hazañas heroicas inspiradas  en los últimos años de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador.

El Castillo de Alcalá. Qal´at Abd Al-Salam.

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La fortaleza de Qal´at Abd Al-Salam (el castillo de Abd Al-Salam) se sitúa en un cerro cercano al del Ecce Homo, en la margen derecha del río Henares, y cuenta con una situación estratégica frente a la llanura de la Campiña, separado de ella por el foso natural que forma el propio río.  La historia de este lugar se remonta a la Edad del Bronce, contando, además, con restos arqueológicos de la Edad del Hierro y de época romana.

Abd Al-Salam fue un caudillo que controlaba este territorio bajo las órdenes del gobierno central cordobés. La fortaleza se construyó en el siglo IX, posiblemente en época del emir Muhammad I (852-886), dentro de la línea defensiva que se dio en llamar Marca Media.  Alrededor del castillo, se situaron dos arrabales de población civil, uno por encima de la fortaleza, y otro más grande junto al cerro de Malvecino.

El castillo tiene una planta irregular, adaptada a la forma del cerro donde se asienta, y contó con ocho o nueve torreones. En la actualidad, se conservan la torre albarrana  y restos de otras tres. En el interior, se encuentran restos de tres silos y un gran aljibe subterráneo de planta rectangular con una bóveda de cañón.  La puerta principal conserva el arranque de un arco califal de herradura.

El castillo fue tomado por los castellanos entre 1083 y 1085, a partir de la toma de Toledo en 1085 por parte del rey Alfonso VI de Castilla. Tras la caída del califato cordobés en 1031, Al-Andalus se fragmentó en multitud de reinos de taifas, situación aprovechada por los cristianos para conquistar y asentar territorios. Los tropas almorávides acabaron con esta situación, recuperando territorios y ciudades, entre ellas Alcalá. Permaneció en manos musulmanas hasta 1118, fecha en la que el arzobispo de Toledo don Bernardo la reconquista.

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Ruta del Castillo de Alcalá por el Parque de los Cerros.

El recorrido comienza y finaliza en el aparcamiento del parque, a la entrada de éste. Atraviesa distintos hábitats, entre los que destacan el de ribera que se da junto al cauce del Henares y el de los montes y laderas. Uno de los puntos de mayor interés de la ruta es la subida a los restos del castillo árabe de Qal’at Abd Al Salam, del siglo IX.

A lo largo del recorrido, apto para personas sin experiencia y de 9,600 km y 200 m de desnivel, se obtienen unas bonitas vistas del Cerro del Ecce-
Homo y de la ciudad de Alcalá de Henares.

Folleto de la Comunidad de Madrid con todos los datos sobre la ruta:

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Alcalá de Henares en el Cantar de Mio Cid.

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Alcalá de Henares fue, hasta la desaparición del califato cordobés a comienzos del siglo XI, un importante enclave defensivo englobado en la denominada Marca Media andalusí. Un puesto militarizado desde el que defender la frontera, aprovisionar a las tropas y enviar patrullas a los territorios cristianos más cercanos. Una tierra insegura en una época difícil, en la que estos territorios se ven constantemente sometidos a la acción de ladrones y partidas armadas de diferente origen.

En este contexto, Rodrigo Díaz de Vivar, expulsado por Alfonso VI en 1081, después de nueve días de destierro, cruza la frontera entre el reino cristiano y la taifa de Toledo. El Cid y los suyos viajan de noche, las patrullas musulmanas están al acecho, y, tras evitar la importante fortaleza de Atienza, conquistan un población fortificada (Jadraque o Castejón de Henares) con el objetivo de conseguir víveres. A su vez, el lugarteniente de Rodrigo, Álvar Fáñez, se lanza, con doscientos caballeros, a saquear el valle del Henares, pasando por Hita, Guadalajara y Alcalá de Henares.

Alcalá de Henares aparece en el Cantar de Mio Cid.

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“Fita ayuso por Guadalfaiara, fata Alcala legen las alg(aras),

E bien acoian todas las ganançias,

Que por miedo de los moros non dexen nada.” Versos 445-448.

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“Dexan la a myo Çid, todo esto non preçia nada.

Aseuos los cc.iij. enel algara,

E sin dubda corren; fasta Alcala lego la seña de Minaya,

E disi arriba por Guadalfaiara.” Versos 475-479.

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