ALCALÁ DE HENARES, UNA CIUDAD DE SEFARAD

La antigua judería de Alcalá de Henares.

“Alcalá de Henares, una ciudad de Sefarad” quiera recordar la presencia judía en Alcalá de Henares, una presencia que está documentada a lo largo de toda la Edad Media. Aunque la primera documentación procede del siglo XII, es lógico pensar en una comunidad judía complutense anterior a este periodo, pensando especialmente en el interés demostrado tanto por los reyes como por los arzobispos, en especial a la hora de cobrarles impuestos.

Alcalá de Henares, una ciudad de Sefarad

Los judíos fueron protegidos personales de los reyes castellanos y en el caso de Alcalá de Henares, también lo fueron de los arzobispos de Toledo, señores de Alcalá y su tierra, quienes intentaron atraer a este pueblo favoreciendo su asentamiento, como muestra el Fuero Viejo: “Todo judío que quisiere morar en Alcalá que lo haga según el Fuero y el que no quisiere que vaya en buenaventura donde desee”. La legislación del Fuero Viejo equipara, entre otras normas, a judíos y cristianos ante delitos tan importantes como el homicidio.

Alcalá de Henares, una ciudad de Sefarad

Según se constata en la relación de  impuestos que las aljamas judías pagaban al erario Real, la aljama de Alcalá debió oscilar, en el siglo XIII, en torno a las mil personas, para descender notablemente en el siguiente siglo,  hasta verse reducida en el siglo XV a la mitad y desaparecer en el siglo XVI.

Así, el final de la Edad Media supone también el final de la aljama alcalaína, pero no de los judíos, pues aunque unos se fueron y otros se convirtieron, en Alcalá se continuó viviendo y sobre todo comerciando al uso judío. Las costumbres y tradiciones no se abandonan fácilmente, ni el modo de construir o la utilización del espacio urbano. Y es que, a pesar de las grandes transformaciones urbanas acometidas por el cardenal Cisneros y de otras más recientes, el conjunto urbano medieval de Alcalá de Henares se conserva en lo esencial: trazado de calles, corrales, adarves y patios.

La judería ocupó unos 100.000 metros cuadrados, frente a los 60.000 de la morería. Estuvo situada entre la calle Escritorios y la calle de Santiago y desde la plaza de la Picota (Santos Niños) hasta la del Mercado, hoy de Cervantes. El centro de la judería era la calle Mayor, en la que desembocaban numerosos pasajes o adarves, calles privadas que se cerraban por la noche y que terminaban en corrales y patios, auténticas plazas de vecindad con nombre propio: Corral de la Lana, de Urbaneja, del Cabildo, de la Sinagoga, de la Campana, de la Compañía, etc.

Pero no podemos entender la judería alcalaína como un espacio cerrado, aislado y bien defendido como en muchas otras ciudades castellanas; su centro, la calle Mayor, lo era también de la villa como paso obligado desde la Puerta de Madrid hacia Guadalajara. Además, en la judería había construcciones cristianas tales como la casa del canónigo Roca, en la calle de Escritorios, o el Hospital de Antezana, si bien éstas se erigen ya a finales de la Edad Media.

Gracias a datos censales aportados por la iglesia de los Santos Niños, datados en la segunda mitad del siglo XV, se confirma lo anterior y también la coexistencia de moros y cristianos en la judería alcalaína. Hasta el momento no hay noticia de ningún problema grave de convivencia sufrido por la comunidad judía y dado que a lo largo del siglo XV vivían mezclados judíos, moros y cristianos, es presumible que se toleraran sin demasiados problemas.

Conocemos quienes eran algunos de los judíos de Alcalá de Henares, a qué se dedicaban y dónde vivían. Pertenecientes a importantes y conocidas familias procedentes de Al Andalus y de Toledo y con parientes en Guadalajara y Aragón, se puede hablar de familias como los Abenarroyo, Abensabad, Abexuxén, Abenzara y Cohen.

En 1368 vivía en Alcalá de Henares el famoso escritor Ménahem ben Zérah, autor de una historia titulada Seda la-derej (“Viático para el camino”), que dedicó a su amigo el famoso cortesano Samuel Abrabanel.

En 1390 don Çulema Abenarroyo figura entre los miembros de la Cámara de Cuentas de la Cancillería Real y en 1395 el arzobispo de Toledo nombró juez mayor de las aljamas arzobispales a un converso que era su médico: Maestre Pedro. Se conserva el documento oficial de la lectura de este nombramiento en la sinagoga mayor de Alcalá y las quejas de los judíos alcalaínos por tal designación.

Algunos judíos de Alcalá ostentaban cargos importantes en la administración del reino, tal es el caso de Alpullate que fue procurador de todas las aljamas en tiempos de Juan II y Enrique IV.

Los oficios a los que se dedicaban eran muy variados, pero en su mayoría se trataba de artesanos-tenderos, mercaderes y prestamistas. También los más poderosos económicamente eran arrendadores de las rentas del arzobispado y de la catedral toledana, es decir, ejercían de recaudadores de impuestos, por lo que no es de extrañar el desapego y hasta odio que esto pudo originar en la población cristiana. Lo más curioso es que una y otra vez eran objeto de excomunión por parte de los arzobispos a causa del retraso en los pagos y una vez y otra seguían siendo adjudicatarios del cobro de las rentas arzobispales.

Además, conocemos los siguientes oficios de judíos de Alcalá de Henares: zapatero, mercader, tejedor, platero, latonero, pellejero, trapero, carpintero, calcetero, jubetero, tendero, zurrador, ropero, físico y encuadernador.

Hacia 1481, debido a la cada vez mayor presión en su contra que soportaba esta comunidad, comienzan a marchar a otros lugares, aunque en número muy reducido, pero será en 1493 cuando se produce el mayor cambio en la ya desaparecida aljama alcalaína, pues un número importante de judíos abandona la villa y también una buena cantidad de ellos se quedó convertida al catolicismo.

Así, sabemos que Rabí Yunco era encuadernador en 1483 y que el judío que tenía arrendadas las casas de tinte en la calle del Tinte murió y que en 1493 seguían sin ser alquiladas. En 1485 se marchó Mosé Leví, que vivía en la calle de las Becerras, esquina a la calle de los Escribanos y en 1492 lo hizo la familia Xabí formada por dos hermanos, Isaac y Jacob con sus respectivas esposas e hijos y que vivían en la calle Mayor cerca de la Plaza de la Picota. Calahorrano el especiero debió irse porque su casa y tienda de especias fueron alquiladas a Diego de Madrid y a Mari Díaz su esposa en 1492. Pero, por otra parte, consta que Rabí Çaq Alno pasó a llamarse Alfonso Núñez y un hijo de Mosé Cohen se quedó y tomó el nombre de Francisco de Ayllón.

Numerosos indicios nos ha dado la arqueología, como algunas tumbas aparecidas extramuros entre la calle del Ángel y el paseo de la Estación.

Se puede afirmar que la aljama de Alcalá debió ser numerosa durante la Baja Edad Media pues tenía dos sinagogas, una Mayor y una Menor. La Mayor se hallaba en el corral que todavía conserva este nombre a la altura del número 35 de la calle Mayor, aunque también tenía acceso por el número 10 de la calle del Carmen Calzado. Queda de ella el adarve y Corral de la Sinagoga, su denominación actual. La Sinagoga Menor estaba situada entre la calle Mayor y la de la Morería o de Santiago, cerca del colegio-convento de Capuchinos de Santa María Egipciaca y también con entrada por ambas calles.

Un elemento peculiar del urbanismo alcalaíno de procedencia judía son los adarves ya citados o callejas sin salida que dan acceso a patios o corrales de vecindad. Son muy numerosos a lo largo de la Calle Mayor y cercanas. Las entradas eran adinteladas, de poco más de dos metros de altura y con puertas de una sola hoja con postigo. Los patios o corrales son irregulares tanto en tamaño como en su forma, aunque generalmente son alargados y cuentan con un pozo. Las viviendas solían ser de tres alturas, a las que se accedía por galerías o corredores. El adarve quizá más transformado es el que estaba en la actual calle Nueva, cuya denominación evidencia su anterior condición. Se conservan, más o menos transformados, unos treinta adarves con acceso a patios en la calle Mayor.

La mayor contribución judía a la villa de Alcalá de Henares en lo que a urbanismo se refiere es la calle Mayor. Esta auténtica arteria de la ciudad debe ser entendida como centro vital, comercial y económico de la ciudad. Si bien en origen lo que hoy son columnas eran pies derechos de madera, éstos fueron sustituidos a lo largo del siglo XVI por columnas de piedra y más adelante por pilares. Llama la atención cómo el sistema constructivo se mantuvo inalterable hasta el siglo XIX: tapial, entramado de madera, techos de cañizo y cubierta de madera y teja.

Aún resta otro legado de tradición judía, cuando menos curioso y que todavía se mantiene en el trazado medieval de muchas calles de nuestro casco antiguo. Nos referimos a la inexistencia de perpendiculares en sus calles, esto es, nunca coinciden unas con otras, por ejemplo: la calle Diego de Torres no continúa en la calle de la Imagen, como tampoco lo hace la calle del Cid Campeador con la calle Nueva. De igual modo sucedía con las puertas y ventanas de las casas, pues nunca coincidían enfrentadas unas con otras, para así guardar la intimidad en lo posible.

Actualmente, en la ciudad se puede seguir una ruta señalizada denominada “La Ciudad de las Tres Culturas”. En lo que se refiere al pueblo judío, las señales, que aparecen en idioma hebreo y español, son las siguientes:

Sinagoga Mayor de los judíos. Entrada al Corral de la Sinagoga Calle Mayor. Texto:

La Sinagoga Mayor de Alcalá se situó en lo que hoy se conoce como Corral de la Sinagoga, con salida hacia el nº 10 de la calle del Carmen Calzado.

Sinagoga Menor. Calle de Santiago. Texto:

Según varios autores, hacia el número 18 de la calle de Santiago se situó una de las dos sinagogas con que contó la aljama de Alcalá de Henares.

Carnicerías de los judíos. Inicio de la calle de Cervantes. Texto:

Se situaban entre la calle Mayor y la de Santiago. Su existencia estuvo ligada a las normas sobre consumo de carne impuestas por el judaísmo.

Tiendas y casas en la esquina del Cambio. Al final de la calle Mayor. Texto:

La lista de oficios de tipo artesanal o comercial a los que se dedicaron los judíos es muy amplia: prestamistas, plateros, encuadernadores, tejedores, carniceros… Se situaron en la calle Mayor, cercanas a la actual plaza de los Santos Niños.

Postigo de los judíos. Calle del Tinte. Texto:

Según queda atestiguado por documentos de los siglos XV y XVI, existió en la muralla un postigo o puerta de los judíos situado al final de la actual calle del Tinte.

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